Las tardes de los domingos son, con diferencia, las más tediosas y asociales jornadas de la semana. Hace años me dedicaba a ir cada domingo a un sitio diferente, nos íbamos a cualquier punto del mapa y, para bien o para mal, el tiempo pasaba deprisa. Ahora ya no es lo mismo. Han pasado unos años y, desde hace algún tiempo, me dedico a pasar esta maldita tarde en la que parece que todas las personas vuelven a sus ataúdes en el gimnasio, más que nada por descargar un poco. De lunes a viernes voy para hacer ejercicio (que buena falta me hace) pero, los domingos, voy simplemente a relajarme: hacer unos largos en la piscina, tumbarme en el spa, quedarme como una uva pasa en la sauna...
Me encanta ese lugar. La sauna tiene una cristalera que da al spa, donde está la gente bañándose y, más al fondo, otra cristalera enorme que da al mismísimo mar. Siempre hay buena música: Chopin, Debussy,... El volumen perfecto y una temperatura que debe ser lo más parecido a estar en el útero materno... Bueno... Quizá en un útero del trópico... Y en verano... Pero es agradable. Algún día os pondré una foto, ese tipo de lugares atraen a mi instinto voyeur.
...Pero hoy ni siquiera he ido al gimnasio. Hoy tomé un café con mi mejor amigo, prometiéndole a él y a mi misma que me daba una ducha y ya me iba pero, cuando subí a casa, el monstruo del sofá me atrapó y ya no hice nada. Hacía tiempo que no caía en el más puro Aburrimiento. Aún peor, llevo toda la tarde con la televisión encendida y, si os dijera lo que estuve viendo, dejaríais de leer.
Lo más productivo del día ha sido un chupito de vodka negro y crear este blog.
A ti, que me acabas de leer... ¡No dejes de hacerlo! léeme, escríbeme, piensa en mi... Sólo existo en tu imaginación.

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