Estos días me he pasado horas muertas revisando casi cada archivo de mi antiguo disco duro, así como alguna copia de seguridad que tenía por ahí perdida. Me voy a poner trascendental, así que si estás pensando en que es viernes y sólo quieres salir de la oficina, quizá no debas seguir leyendo.
He encontrado fotos y vídeos de tiempos mejores, quizá en su momento no me lo parecían, pero lo eran. Echo de menos la música, el grupo, la coral, el conservatorio, Ourense, salir de casa sin un duro y que me diese igual, porque con los amigos se pasa bien igualmente, echo de menos mi apartamento de 25 metros cuadrados, que si entraba la maleta ya no cabía yo.
Por supuesto echo de menos a las personas de las que ya sólo tengo sus recuerdos (feliz cumpleaños, I), pero echo muchísimo más de menos a las personas a las que todavía veo a menudo y ni nos saludamos, con lo amigos que éramos. A esas "amistades indestructibles" que se perdieron en el olvido por un berrinche, una mentira o una verdad a destiempo. Incluso echo de menos a los amigos cobardes que prefirieron lavarse las manos y desaparecer cuando las cosas se pusieron feas. Incluso a ellos...
...Porque antes de todo, lo pasamos bien. Íbamos a comer "montaditos" al Centro Comercial Gran Vía y después pasábamos horas haciendo el idiota en los jardines de arriba, intentábamos tirar a A al agua, grabábamos en el móvil a D'Ou haciendo el pollo mientras los de seguridad nos miraban perplejos, íbamos andando hasta Samil sólo para ver cómo M y B echaban una carrera o montábamos un campeonato de sumo dibujando un círculo en la arena con un palito.
Podía pasarme días sin comer ni dormir si me venía la musa inspiradora cuando ensayábamos...
En un momento dado surgió en algún tipo de "espacio cero" un punto de inflexión que todavía no llego a entender, pero en ese momento la amistad se volvió enemistad, el amor fue odio, los saludos efusivos se convirtieron en un cruzar de acera al vernos, y el "quedar, aunque nevara, para hacer cualquier cosa en cualquier sitio porque seríamos felices haciéndolo" se convirtió en nada, a lo sumo en bajar a tomar un café al mismo sitio de siempre, donde pedir un café en lugar del colacao habitual, se convertiría en un acontecimiento.
¿Dónde fueron a parar los buenos momentos? ¿Al pasado? ¿Al espacio? ¿Se los llevó Hitler como al conejo rosa? ¿Estarán en el techo donde se reúnen los globos de helio?
Globos de helio... Seguro que más de uno sonríe al recordar a "Fermín, el delfín" y el buen rato que pasamos hablando como pitufos en la Plaza de Portugal, sin embargo, esos momentos no volverán... Y a veces me parece que sólo yo quiero construir momentos nuevos.
- ¿Dónde están todos?
- En Facebook, supongo.